Apple Card: La manzana y el dinosaurio financiero

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La manzana quiere volverse dinosaurio bancario.

¿Sucumbirás?

Existen otras alternativas que te permiten controlar y disfrutar de tu vida financiera con libertad y soltura. Tal como habrás leído en las noticias, recientemente la gran empresa Apple ha lanzado su propia tarjeta financiera.

Eso y mucho más: el gigante de la manzana ha acelerado hasta un improvisado nuevo 6 de enero en el que sus masas de clientes se han encontrado con un macro-servicio de videojuegos y otro de contenidos audiovisuales bajo demanda.

Apple sabe que su marca vende.

¿También para lo financiero?

En esta ocasión, la ha asociado con un conocido nombre (a veces para mal) de las noticias económicas: Goldman Sachs, un banco cuya imagen de marca parece no haber caído del todo en la infamia tras la crisis que desde 2008 ha enturbiado los mercados de deuda de occidente.

Apple, que ya disponía de un sistema de pago llamado «Apple Pay», complementará este con una tarjeta (física y virtual)

con la que, afirman, la privacidad de sus usuarios está asegurada.

Ese es el principal valor que han querido resaltar sus comerciales: ahora sí, Apple no te la jugará por la espalda con tus datos.

Ahora sí. Gracias a su alianza con Goldman Sachs.

Lo que tú estabas deseando. Con este matrimonio, Appel y Goldman Sachs amenazan con avanzar hacia una posición de dominio en el mundo financiero global.

Un mundo financiero que no es que parezca que goce de demasiada buena salud, por lo que los vaivenes que amenazan con venir no permiten echar muchos cohetes.

Si el mundo financiero fuera una biocenosis, se parecería bastante al estadio previo a la extinción de los dinosaurios.

Por un lado, gigantes demasiado voluminosos e inflexibles a punto perder su reinado; y abajo, entretejiendo la urdimbre de lo nuevo, pequeñas criaturas laboriosas preparando lo que vendrá después.

Esta es una de las claves para entender la tarjeta de Apple: su objetivo es servir para erosionar la hegemonía de la gran banca para sustituirla durante un tiempo.

Primero, mediante un sistema de pago ligado a los servicios que endosa a sus ya acólitos.

Y, segundo, abriendo la posibilidad de usarlo (como la tarjeta del Carrefour)

para otro tipo de servicios, con algún que otro descuento fruto del margen que, por su escala, pueden permitirse.   tarjeta ahorro

Las desventuras de la privacidad

El gigante Apple nos trae una nueva (otra más) metamorfosis: ahora parecen querer convertirse en un dinosaurio financiero.

Todo con niveles de privacidad nunca vistos por sus millones de clientes. #greywashing

Del mismo modo que hay muchas empresas que se están apuntando al green-washing (adoptar una política de empresa con tintes ecologistas para hacer de tu propia identidad corporativa un valor de marketing)

o al pink-washing (incorporar, con los mismos fines, elementos estéticos LGTB-friendly) comienza a haber muchas empresas que buscan caracterizarse ante sus clientes como firmes defensoras de la privacidad.

Cada preocupación social que se instaura en la conciencia, tiene su eco en los departamentos de marketing.

Entonces deciden que, por ejemplo, defender el medio ambiente es hacer o tal cosa... y te cuentan que lo hacen.

Puede servir de algo o ser mera pose. Lo importante es que tú te lo creas.

Ahora pasa lo mismo con la privacidad: se crea un nuevo protocolo que todos dicen cumplir y que todos sabemos que dentro de un tiempo estará caduco y desprestigiado.

Como alguna actriz famosa con sus cirugías estéticas.

El caso es que los datos sobre hábitos de comportamiento son un bien muy valioso para las empresas.

Estos datos permiten una mejor planificación de la producción y la distribución.

Consecuentemente, les suponen un ahorro que las hace más competitivas en un mercado en el que en último término, solo puede quedar uno #apocalipse #total Sí:

hay un tipo calvo y feo en una oficina de Inditex mirando tablas Excel para ver si la ropa de invierno se vende más en agosto o en noviembre, en Alicante o en Jaca.

Y si tu se lo dices con tu móvil, afinará su trabajo mejor.

Por ser un tema que interesa a todas las empresas a la hora de competir entre ellas, por los choques que hay entre ellas, sus astillas van siendo conocidas en la esfera de la opinión pública.

Así que la opción de Apple, ante las críticas, es bastante habitual: sacar un nuevo producto y aprovechar para decir que es un ejemplo de respeto y cariño por la privacidad y sus clientes como nunca antes se había visto.

Y no hay por qué juzgar para mal sus intenciones.

Pero tampoco hay que hacerse demasiadas ilusiones con el «todavía menos azúcar» de una gama sin-sin de refrescos, el «lava más blanco» del detergente ultra-pro-sinergetic o el «testado como nunca antes» del nuevo modelo de JesExtender.

Si, tal como dicen, la nueva tarjeta de Appel y Goldman Sachs es lo más original en términos de privacidad o no… es algo que tendremos que comprobar con el tiempo.

Lo que no cabe duda es que este grey-washing de las empresas empieza a ser tan habitual en el márketing que se está volviendo muy difícil saber qué hacen en el fondo las grandes corporaciones con nuestros datos.  

 

Una imagen moderna para consolidar un mundo viejo

Apple Card vs Revolut

Con la propuesta que acaban de presentar, Apple pone sobre la mesa sus armas para ir contra la gran banca y ocupar una posición hegemónica en el mundo financiero.

No se trata de un servicio moderno en el sentido de aprovechar las tecnologías para proponer a los usuarios modalidades de pago y financiación novedosas.

Busca competir frontal y directamente con la gran banca, aprovechando el volumen de negocio que ya mantiene el logo de Apple,

una firma cuya fidelización del cliente es la envidia de casi cualquier marca (excepto de las de ropa).

Los productos Apple van «como anillo al dedo», «sientan bien», «son de diseño»:

da igual las características técnicas del nuevo y los siguientes:

i-Phones: habrá clientes haciendo cola para comprarlos sin conocer la potencia, la duración de la batería o la memoria.

Su oferta de tarjeta de crédito no es nada demasiado diferente de cualquier otra que,

aprovechando las ventajas de funcionar a gran escala, vincula un nuevo producto a su masa de clientes.

Es como si en un parque de atracciones con una afluencia de visitantes tumultuosa instalaran una nueva motaña rusa.

La puedes llamar la Privacy Reminder CreditCard Rollercoast y tendrás colas para subirse a ella.

La tarjeta Apple es una opción financiera que busca vincular productos ya existentes: si pagas con tal tarjeta en tal supermercado afiliado tienes un 1 (1% de descuento),

si compras en tal web tienes un 2%, si les compras a ellos mismos (¡oh, en serio!) tienes un 3%…

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Ellos te ofrecen que te incorpores a un flujo masivo de gasto en torno a un bien o servicio que ellos deciden.

Un gasto que harás junto a muchos otros, donde ellos quieren, que se vuelve previsible de antemano en sus balances.

Nada que ver con una adaptación a tus necesidades ni un instrumento para tu libertad. Es justo todo lo contrario.

La tarjeta de Apple busca ganar control y planificación convirtiendo al cliente en un punto más del flujo viscoso del capital que fluye por las tuberías (de diseño exquisito) de su sistema.

Además es una tarjeta de crédito, con lo que no tiene ninguna utilidad si lo que buscas es la tranquilidad de una tarjeta monedero en la que apartar algo de pasta para un uso finalista que hayas decidido tu.

Por eso es bueno no confundir productos financieros como el que presenta Apple, que sólo tienen de moderno el envoltorio, con otros que suponen un avance en cuanto a utilidad y prestaciones para el cliente.

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Apple Card vs Bnext, Revolut o N26

En esa línea estarían los productos de entidades tales como Revolut, N26 o Bnext, que poco a poco empiezan a ser más conocidas en el mercado.Apple Card vs Revolut

Obviamente, estas empresas son pequeñas y no tienen el empuje de Apple.

Pero eso no quiere decir que lo que haya dentro del envoltorio no pueda ser mejor, o por lo menos diferente.

Para empezar, cuando hablamos de tarjetas de débito hablamos de condiciones mucho más simples que como usuarios nos tranquilizan, que están permanentemente bajo nuestro control.

Si lo que queremos es una tarjeta que se adapte a la finalidad de un viaje corto, tal como unas pequeñas vacaciones o un fin de semana de turismo de compras en otro país u otra ciudad, nos interesará poco lo superlativo del plumaje.

Si vas a irte una semanita a Londres y quisieras hacerte con un teléfono ad hoc para darle uso durante ese tiempo,

no te buscas un modelo con el que no sepas qué estás incorporando a tu factura con cada actualización de software.

Por eso las tarjetas financieras de débito cumplen su finalidad de tarjetas monedero de forma eficiente: nunca quedarás en descubierto (y no habrá sorpresas ni pagos sobrevenidos).

Revolut, N26 o Bnext cumplen con el objetivo de estar diseñadas para un cliente que puede darles pleno uso sin preocuparse de qué será luego de él.

No se trata de un «quítate tú para ponerme yo» a las gigantescas estructuras de la banca,

sino productos nuevos en el mercado adaptados a formas de vida que antes no existían, tan flexibles como tu agenda de ocio.

Son, por tanto, complementos a la banca tradicional que compiten gracias al talento de sus trabajadores,

capaces de ofrecer un producto útil ahí donde los financieros tradicionales no llegan.

Es ganar poder sobre tu vida financiera.  

Con más transparencia y ligados a la comunidad

La vieja economía está a la espera de un meteorito que la haga inviable definitivamente.

No son más que circuitos cerrados que sobreviven únicamente de consumirse unos a los otros.

Y solo puede quedar uno y ya sabemos que puede que sea Apple.

Pero no nos interesa: son dinosaurios peleándose entre ellos, en una guerra en la que puede que no podamos salir ganando: somos el botín.

Pero estas grandes corporaciones no son castillos aislados en un desierto tecnológico: el desarrollo digital está posibilitando la aparición de nuevas formas de economía ligadas a la comunidad y a sus necesidades.

Si tienes en mente un producto en el que prime la simplicidad, sin «susto» escrito en letra pequeña y que, por tanto, te permita disfrutar de tu vida financiera,

lo más probable es que sean las empresas de la nueva economía la que lo provean.

Todo lo que orbite en torno a start-ups, seguramente tiene gente trabajando en tus necesidades, no cómo conseguir que tú te adaptes a las suyas.

Es cierto que si ligas tu nómina, tu plan de pensiones, los intereses de las herencias que recibas, el fondo de ahorrines de la comunión y la vuelta del café de por la mañana a tu cuenta,

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tu banca tradicional (o los mastodontes como Apple que la sustituyan) te dé un descuentillo en el supermercado que ellos elijan

También puedes hipotecar tus órganos vitales a cambio de un tenedor… o incluso de la vajilla completa.

Si lo que quieres es transparencia, busca las empresas que trabajan con start-ups, tal y como hacen Revoult, N26 o Bnext.

Te darás cuenta de que lo que ofrecen difiere de la nueva tarjeta de Apple en lo fundamental: tu libertad y tu independencia.

Te van a tratar de tú a tú porque no son macrocorporaciones.

Son gente accesible para quien no vas a ser uno prescindible entre millones de otros más.

Ellos basan su negocio en adaptarse a ti, no en producir en masa lo mismo para muchos cual peluquero de PyeongChang.

En el caso de Bnext, se trata además de una empresa española de open banking, por lo que la accesibilidad es total.

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Las otras dos que comentábamos son extranjeras, y de hecho actualmente se están centrando en el cliente norteamericano para su desembarco en EE.UU.

En un ecosistema tan peliagudo como el financiero, elegir lo más transparente, lo sano y familiar sobre lo voluminoso suele significar mayor calidad de vida.

Tu creatividad está mejor en compañía de gente que hace de su creatividad, y no de la inercia de su tamaño, su modo de vida.

Tu decisión final dependerá de innumerables factores, del brillo de las marcas combinado con la confianza en sus equipos humanos.

Revoult y N26 funcionan con MasterCard mientras que Bnext lo hace con Visa (por lo que el tipo de cambio, y esto te interesa si vas a darle uso fuera de la zona euro, es más bajo).

Si tu viaje aspira a la simplicidad, tus instrumentos deben ser sencillos.

Déjate las sorpresas para los shows televisivos y las modas para cuando vayas de compras con tu pareja.

Disfrutaréis más ese rato con una tarjeta con la que estéis seguros en todo momento que no os van a cargar ningún extra.

Da igual si esa tarjeta no te convierte en miembro de la tribu urbana global por experiencia.

Es más importante que conozcas el nombre y la cara de quien te va a entender cuando necesites algún cambio en tu servicio.

Tatúate la manzana, pero paga el tatuaje sin entregar contactless parte de tu alma.

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