Música para estudiar: las mejores pistas

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Ritmo y rutina, acorde y apunte, beat y rito: ¿eres de los que aprenden escuchando? No te vuelvas DJ Suspensos, pinchar en la biblioteca puede ser de provecho para tus estudios.

Estudiar es una tarea que exige lo mejor de nosotros. Es cansada, pero necesaria; aburrida, pero fructífera.

Son muchas las técnicas que existen para optimizar nuestro tiempo de estudio

¿Tienes desarrollada la tuya?.

Una de las primeras cuestiones que surgen a la hora de organizar nuestro plan de estudio es la elegir la música para estudiar, ¿o no?

¿Tú lo haces?,

¿lo hacen tus amigos o amigas?

Depende de cada tipo de persona y de su momento.

Aquí te comentamos algunas claves para identificar el tuyo.

Te recomiendo que eches un vistazo a nuestro video de Youtube donde te recomendamos otra playlist.

 

 

 

Música para estudiar: ¿qué te recomiendas?

Hay muchas músicas. Y todas tienen algo bueno.

Se puede escuchar de todo… pero siempre hay lo que es más o menos indicado.

Por eso, si estás buscando recomendaciones de música para estudiar, ten en cuenta lo siguiente: todo es cuestión de ensayo y error.

Acepta todas las recomendaciones, pero cada persona es un mundo.

Puede haber personas de carácter muy parecido que en cambio tengan gustos musicales dispares.

Igual tienes un amigo al que le funciona escuchar música orquestal mientras estudia.  Mientras que otros necesitan ponerse rock duro.

¿Eres de llevar la batuta o de solos de guitarreo entre tema y tema?

  • Pista de lengua: puedes ponerte canciones de Melendi para preparar los exámenes de esta asignatura. Si buscas errores gramaticales en sus letras y tratas de proveer una interpretación a sus sutiles metáforas seguro que pones en uso categorías poéticas que luego te entran en el examen.

Déjate llevar por lo que te recomienden, pero ten claro que el objetivo es ser tú quien acabe sabiendo que conviene a tu propia playlist

¿Has pensado tu nombre artístico? D.J. Apuntes está libre todavía.

Las recomendaciones son buena parte de nuestro input melómano. Ya sea que vengan de alguna persona cercana a nosotros o que sean generadas algorítmicamente por las tecnologías del ocio y el entretenimiento individual, nos guiamos por recomendaciones.

Música para estudiar

¿Cuál debemos seguir a la hora de seleccionar nuestra playlist para momentos de estudio?

En parte se trata de hacer más agradable la ardua tarea de cultivarse como persona humana y ser de provecho para con la sociedad del conocimiento;

pero no es menos cierto que la música sirve como elemento de apoyo para ritualizar ciertos procesos.

Si la música sirve para elevarte en ese momento álgido de tu peli favorita, si se ha usado como parte del oficio religioso para vehicular históricamente el espíritu, si hay tantos bares que tienen su canción de cerrar o tanta gente que canta en la ducha para comenzar el día con energía

¿por qué no iba a servir la música para estudiar?

Lo primero que tenemos que tener claro es que estudiar no es una tarea homogénea. Todo tiene fases, también esta actividad intelectual.

No todo el rato de estudio demanda el mismo nivel ni el mismo tipo de concentración.

  • Pista de Educación Física: sin duda «The eye of the tiger» es la banda sonora que tienes que utilizar para preparar el lanzamiento de balón medicinal o cualquier test de los que el profesor no pasaría nunca pero a ti te lo exigen.

Por ejemplo: si vas a organizar tus apuntes, como parte de tu ritual de estudio, en el primer momento o justo al terminar para dejar todo de cara a la próxima sesión,

la concentración deja paso a otro valor intelectual más importante: la agilidad.

Si vas a hacer chuletas Documentos de Apoyo No Autorizados (DD.a.n.AA), también puedes ponerte musiquilla.

Si eres tan pillo que necesitas silbar mientra preparas tus DD.a.n.AA., mejor que no haya nadie cerca a quien puedas molestar.

O que pueda chivarse.

Una jornada de estudio suele empezar con unos primeros minutos de arranque en los que se repasa lo anterior y se planea lo que se va a hacer y en qué orden durante las siguientes horas.

¿Necesitas un toque de movimiento para ponerte en marcha?

Si además eres de los que miden mal el tiempo, una playlist con la que despertar del todo para el mundo te puede indicar el inicio y fin de esos 20 primeros minutos con los que poner en orden tu cabeza sin exigirte una concentración plena.

Preparara tu entrada triunfal en la biblioteca, cual diva del pop llegando al escenario con la primera canción del concierto.

Cuida lo del volumen, se ruega silencio.

No eres Britney siendo el centro de atención disfrazada de estudiante de primaria ni The Killers irrumpiendo con una actuación sorpresa en la fiesta de fin de curso.

Y lo mismo para terminar.

Música para estudiar

¿Has probado a cerrar tu jornada en la biblioteca encasquetándote los auriculares y dando un buen repaso al trabajo hecho en el día y a tu playlist favorita a la vez?

Solfea tu sinopsis: deja la mejor coreografía para ese último repaso.

Pista de historia: puedes marcarte una playlist de Himnos nacionales.

Además hay un montón de países que han desaparecido en los últimas décadas que te pueden servir también para ponerte de tono de llamada en el móvil y hacerte el o la interesante cuando suene; en plan:

«sí, es que me gusta mucho el himno de la extinta R.D.A.»

El repaso tiene que ser una tarea ágil, dinámica y resolutiva:

¿por qué no llevarlo a cabo con un ese temazo de fondo que te mereces escuchar después de seis u ocho horas de dura concentración y codos?

Piénsalo: terminar una jornada de estudio fructífera debe ser algo perfectamente fluido: debes poder sentirte como Rihanna saliendo enjabonada todavía de la bañera.

«’We`re beautiful… like diamons in the exam»

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Centrarse, concentrarse y descentrarse con música para estudiar

Efectivamente, acabas de leer “concentrarse”, deja de pensar en Rihanna enjabonada y ¡sigue leyendo que el examen es dentro de poco!.

Una cosa curiosa que puedes encontrarte es que tendrás amigos que rechazan poner música para estudiar porque les impide concentrarse,

mientras que otros muchos dicen que les favorece la concentración. No todos somos iguales. Como los Auryn, que tuvieron que empezar carreras en solitario.

Esto depende de la personalidad de cada uno.

Y recuerda también que no todas las fases de una jornada de estudio son lo mismo.

Mientras que algunas personas son incapaces de concentrarse si hay algún ruido en alrededor, otras jamás pasarán más de 10 minutos quietas en una silla si no pueden disponer de un acompañamiento musical a su gusto.

Lo que tienes que tener en cuenta es que cada personalidad exige un entorno acústico diferente para según qué actividad y que el estudio es un ritual muy personal de cada uno.

  • Pista de filosofía: plantéate una intromisión hermenéutica en la propuesta ontológica de Shakira. Los caminos del ser nunca fueron más inescrutables. Se te acabará el argumento… y la metodología.

Del mismo modo que hay quienes necesitan una marca determinada de bolígrafos o de cuadernos para poder concentrarse,

no faltan los que necesitan una playlist hecha al dedillo con la que aislarse del mundo.

No olvides el objetivo: la cuestión es que la música te ayude a concentrarte.

Si eres de los que memorizan Derecho Administrativo al ritmo de cánticos bizantinos de monjes ortodoxos griegos, hazlo:

da igual que te dé un poco de corte si el o la que te gusta de la biblioteca te termina preguntando «¿qué escuchas?».

Le dices que «Los Smiths» y vía, que eso siempre funciona.

Como te decíamos, a la hora de planear tu jornada de estudio, tienes que tener en cuenta que estará compuesta de fases diferentes.

Si vas a hacer ejercicios no es lo mismo que si tienes que memorizar algo. La música puede ayudarte a adaptar el chip de uno a otro momento. 

La expresión «cambio de tercio» viene del toreo y se refiere a la pausa entre fases del evento que se señalan con música.

  • Pista para ingenierías: aunque te parezca desfasado, tienes todo un clásico con el que aprender mucho: «El chacachá del tren» de Mocedades es todo un ejemplo de cómo la música y las grandes infraestructuras del transporte de personas, la comunicación y el tráfico de mercancías pueden vincularse.

Puedes usar la música, como no, para animar tus descansos.

Todos sabemos qué canción nos da energía y cuál nos empuja un poco cuando las cosas se ponen ligeramente cuesta arriba.

Todo hemos tirado de una canción para remar cuando lo que fuera se nos ponía en contra.

Si tienes esa canción, úsala para darte fuerzas para el estudio.

¿Los temazos de Coldplay te dan ganas de comerte el mundo?:

ya verás qué fácil entra la farmacología de primero tras un chute de buenrollismo de Chris Martin y los suyos.

Si compartes espacio de estudio con otras personas, los auriculares pueden ser la puerta de entrada a una burbuja en la que sólo entraréis tú, los apuntes y los libros.

Ajusta el volumen para no molestar a los demás.

En una biblioteca, esto es tan importante como la higiene personal.

Y controla también la efusividad que la música te despierta.

Si los Scorpions te hacen aullar con sus baladas, reserva tamaño desbordamiento de pasiones para el calor del hogar.

Tus vecinos no te lo agradecerán pero los compañeros de estudio sí.

  • Pista de física o química: una serie buenísima con una banda sonora es-pec-ta-cu-lar. Un retrato sin edulcorar de la realidad de los adolescentes españoles. Además se desarrolla en un instituto: ¿qué hay más apropiado para preparar un examen que repasar los conflictos siempre biográficamente profundos de sus protagonistas?

Ahora viene la decisión más importante: ¿qué elegir  como música para estudiar?

Lo primero que debes decidir es si quieres escuchar música que ya conoces o música nueva. Nuestro objetivo será siempre optimizar el tiempo de estudio.

Si escuchando música que conoces tiendes a despistarte con la letra o la melodía y eso te aleja de tu tarea, tal vez no sea buena idea convertirte en estrella de un videoclip mental en el medio de la biblio…

Si por el contrario no puedes dejar de preguntarte qué es lo que estás escuchando a cada pista nueva que te salte, será mejor que te quedes en tu zona de confort (melómanamente hablando).

De entre todas las herramientas que han de intervenir en tu tiempo de estudio, el Shazam no tiene por qué ser una de ellas.

Si quieres usar la música en tu favor, lo más probable es que tiendas a pre-diseñar tu playlist de estudio antes de sentarte a hincar los codos.

Deberías centrarte más en qué estilo o estilos te ayudan a rendir mejor, algo que, como todo en la vida, tendrás que descubrir por ensayo y error.

 elegir Música para estudiar

To replay or not to replay: esa es la cuestión

Los rituales de concentración dependen de la actividad que se vaya a hacer y de la psicología de cada persona.

Habrá quien quien sea un crack resolviendo los ejercicios de lógica con música techno de fondo,

mientras que otras personas no pueden memorizar anatomía si no es escuchando a su ídolo musical de la adolescencia.

Pista de zoología: si buscas canciones infantiles, encontraras cientos de ellas con una temática apropiada: el perrito, la gallinita (también sirve para oftalmología), los patitos…

el mundo animal tiene gran presencia en el arte musical, pero si piensas soltarte con la coreografía de la canción de los gorilas procura que no haya cerca nadie a quien vayas a tirar los apuntes con las manos hacia arriba, las manos hacia abajo...

Pero una cuestión nos toca a todos: a la hora de elegir música dentro de la que conocemos,

¿preferimos que nuestra playlist sea muy larga, tanto que ocupe toda la jornada de estudio?,

¿o preferimos una playlist de más o menos una hora o cuarenta minutos, ideal para enmarcar tramos entre los descansos?

 

¿Bucle o playlist? That is the question

Si estamos acostumbrados a estudiar con música, es posible que vinculemos la memorización de algún contenido con una canción.

Hay quien puso rock a la recitación de la tabla periódica y quien adaptó mentalmente Lope de Vega al reguetón.

La posmodernidad era esto. Por ello no debemos descartar asignar una canción o un disco a una temática de estudio y repetírnosla hasta memorizarla si así nos resulta más fácil.

¿Quién no tiene vinculadas canciones a momentos y personas?, 

¿qué viaje hay que no tenga asignada una característica banda sonora?

Del mismo modo que cuando escuchamos cierto grupo de música recordamos al colega que siempre lo pone en su coche, o que alguna canción, por rancia que sea, cabe hallarla ligada a la memoria tierna de un familiar.

¿Por qué no ponerle tono de heavy metal a las batallas highlight de la Primera Guerra Mundial?

O baladas románticas. O mismamente música de esa época. Lo que a ti te funcione.

  • Pista de economía: ponte a escuchar YA los discos de Alaska. No sabe cantar, de hecho lo hace fatal; no sabe bailar, a no ser que pueda decirse también de las farolas que bailan; no compone especialmente bien, sus canciones son más o menos pitidos mezclados con escalas. Y aún así, lleva años viviendo de la música. Y está forrada.

A fin de cuentas, piénsalo, es lo que hacemos de pequeños con las tablas de multiplicar.

A algunos incluso se les olvida la letra con el tiempo -pero siempre recordarás la música, ¿verdad?

Cuando le asignamos una canción a un recuerdo, rememorar los elementos de esa cadena que lo compone se convierte en una labor más sencilla.

Esto funciona así aunque lo que te pongas para estudiar sean cánticos de ballenas.

 Y si mientras ligas en los descansos te preguntan, recuerda: Los Smiths.

Si tenemos una canción con la que ir pasando de un punto a otro de una lista,

cada vez se nos hará más fácil hasta el punto de solo tener que ir musitando la sintonía mientras nuestro cerebro (y nuestra mano en el temido examen) lo va soltando todo.

Si los opositores tienen que cantar los temas, ¿por qué no lo vas a hacer tú?

 

Con letra o sin letra: el mito de la música clásica para estudiar

La letra suele ser un componente que muchas personas no pueden tolerar a la hora de poner música para estudiar.

Da igual que la canción sea en inglés, francés o chino mandarín: hay quien no puede oír voces en la música que escucha mientras estudia.

Por eso la clásica suele ser un amplio ropero al que acudir a por piezas generalmente largas y sin parte cantada o coral. Por ello, hay mucha gente que utiliza música clásica para estudiar.

Es importante recordar que la etiqueta «música clásica» es amplísima, y que no toda la obra bajo ese título es relajante y apta para lo introspectivo.

  • Pista de inglés: esta es muy fácil: The Beatles. Utilizan (bueno, más bien inventaron) multitud de frases hechas y sus versos son harto conocidos por el gran público. Así que imagínate por tu profesor o profesora de la materia. Si te marcas el puntazo de intercalar en tus trabajos o exámenes frases de canciones de los Beatles (siempre entrecomilladas), quedarás como un fuera de serie con referencias.

Si vas a probar con música clásica, vete a lo más conocido

Si le preguntas a alguien que sepa mucho, probablemente te recomiende rarezas que no cumplen el objetivo que buscas.

La orquestal tampoco es por sí música aburrida, por lo que no tienes que relacionarla con las tareas de estudio necesariamente, como si ambas cosas fueran un castigo.

Lo sí suele pasar es que sus momentos álgidos están más dilatados en la composición de lo que están en la música comercial.

musica y estudios  

La música clásica está hecha para ser escuchada durante periodos de tiempo largos, no para causar un impacto en dos o tres minutos de reproducción.

Son composiciones que siguen estructuras artísticas orientadas a ciertos ideales de belleza, no tanto a generarte emociones en poco tiempo.

Los intérpretes de obras orquestales tienen garantizada la atención del público durante casi una hora como mínimo, así que no necesitan ser composiciones tan intensitas.

Cuando los artistas de Operación Triunfo intentan ganarse al público, tienen que conseguir que el regidor te ordene aplaudir en un periodo de tiempo muy limitado.

¿Te imaginas un show televisivo con numerosos planos del jurado y del público sintiendo súper intensamente la interpretación de 50 minutos de una sinfonía?

¿Verdad que no?

¿Y a que tampoco imaginas tu jornada de estudio intercalada cada 3 minutos por un aluvión de aplausos?

Esa es la gran ventaja de la música clásica: al soler basarse en cánones artísticos no diseñados para el impacto por lo repetitivo, permite concentrarse.

Por eso puedes estudiar durante horas escuchando sinfonías de Beethoven pero no repitiendo en ciclo el jingle del Mercadona.

¿Te imaginas una playlist con los mejores hits de Eurovisión sucediéndose cada dos minutos?:

seguramente te acabarían echando de la biblioteca cuando no aguantarás más sin otorgar a gritos los twelve points a Albania.

Pero cuidado: la música clásica está hecha por y para hombres y mujeres de épocas diferentes a la nuestra.

Es posible que a ti todavía te sirva para estudiar o que por tu psicología puedas proporcionártela para esos fines, pero no es necesariamente mejor ni peor que cualquier otra. Hay gente que como ha estudiado música se cree que sabe más que tú.

Pero no les creas. Todos esos nombres de compositores rusos que dicen se los están inventando.  Si les pides que los repitan, no pueden.

  • Pista de astronomía: seguramente lo sabes, pero bien vale recordar que Kepler, uno de los más conocidos partidarios del heliocentrismo moderno, era músico; lo eran muchos matemáticos, pues la música fue durante muchos siglos una rama importante del conocimiento. De ahí que si te toca estudiar sus modelos, también puedes darle ritmo a sus órbitas.

Una ventaja que se señala es que la música orquestal generalmente no tiene letra (hay miles de operas y composiciones con coro prestas a quitarle la razón a quien diga eso).

Lo que en verdad sucede con la música clásica es que hay mucha y de todos los tipos: tanto con letra como sin letra.

Estamos hablando el resultado de siglos y siglos de creación y composición previos a la digitalización de la tecnología y la cultura.

Hay tanta que no la podrías escuchar toda ni en el tiempo que te lleva preparar ese circuito con clips para tecnología.

Frente a las bandas sonoras (atención: espóiler: suelen ser grandes acompañamientos para un viaje pero para estudiar son una mala opción porque te retrotraen a la película),

la música clásica es una buena opción de fondo para el estudio porque:

· no es redundante: sus movimientos y temas se van sucediendo, pero no tiene la estructura machacona de estrofa-estribillo-estrofa-estribillo de ella música comercial;

· existe un amplio catálogo para no tener que repetir temas. Son siglos de creación artística con los que cubrir miles de horas de biblioteca;

· puedes elegir entre con letra y sin letra, y en caso afirmativo entre muchos idiomas.

playlist para estudiar 

Estudiar con tiempo y tempo

Como todo en la vida, el estudio es una actividad que será más provechosa cuanto mejor conozcamos qué rituales nos convienen para iniciarla, mantenerla y terminarla satisfactoriamente.

Se trata de perder la vergüenza: si tu necesitas ponerte incienso mientras te duchas para que luego te rinda bien el tiempo de estudio, pues lo haces. 

Y si necesitas la melosa compañía de Justin en tu oreja, pues él encantado de que saques sobresaliente.

#True #Believers #Ace #It

Si vamos a incorporar la música a nuestro hábito de estudio, esto debe ser porque dicho acompañamiento provoca un rendimiento mayor. 

Si no, estamos perdiendo el tiempo dos veces: no estudiamos ni tampoco disfrutamos de nuestras canciones favoritas.

Para optimizar nuestros recursos mentales, no queda otra que ir probando: con letra o sin letra, inglés o español, repetición o novedad, bucle o playlist larga…

No hay que pasarse con las manías, pero igual que todos preferimos un tipo de cuadernos o colocamos nuestro material de determinada manera, con la música pasará lo mismo.

Y hay que tomárselo con calma: habrá algún día que resulte que la música que hemos preparado no era la adecuada.

No pasa nada.  También hay que aprender a prepararnos para el estudio, y eso sólo se consigue con el sistema ensayo-error.

Pista de selectividad: si estás buscando la playlist que sonará en el examen de los exámenes: relájate.

Ya te la sabes toda. Todo lo que salga, te va a sonar.

Ya tienes estudiadas todas las coreografías. Te queda afinar un poquitín algún instrumento, pero nada más.

Solo te falta repasar un par de notas que todavía desafinas en alguna que otra canción. Pero tranquilo: cuando empiece a sonar, todo será coser… y cantar.

Lo mejor será… que no lo dejemos para el último día.

Como la elección de cuadernos. O hacernos al boli.

Si se recomienda ir a un examen con la ropa con la que te sientes con más comodidad

¿por qué no aplicarlo también a los ratos de preparación de dicha prueba?

Si tú como estudias bien es con maquillaje como para una boda, recién de la pelu, con tus joyas y tu chiguagua en el bolso encima de la mesa junto a un megacafé azucarado mientras suena Mariah Carey, hazlo.

Es tu método. Lo único, que necesitarás una biblioteca dogfriendly.

Lo peor que puedes hacer es dejar para los últimos días cualquier elemento.

Entonces, ninguna canción va a servirte, créelo. La música ayuda pero no hace milagros.

Si vas probando con antelación, descubrirás que hay canciones para cada momento del día.

Y asimismo momentos que requieren silencio.

Algo muy importante: el descanso también es parte del estudio: se puede tener una canción animosa con la que ir con más ganas a comerse el mundo y a por esa notaza y,

también, alguna canción con la que canturrear los temas mientras repasas tranquilamente en el contexto que sea.

La recompensa llega después de un año duro de estudio y nos vamos de viaje a estilo Couchsurfing, será una gran aventura como recompensa a todo tu esfuerzo.

Que empiece el viaje.

Ponle ritmo a los temarios, invéntate el karaoke de las materias.¿Puedes incorporar la química inorgánica al videoclip que es tu existencia? Entonces:

¿a qué estás esperando?Las cámaras de la MTV están pendientes de tu mesa como si fueras la mismísima Kate Perry cantando el himno yanki antes de la Superbowl.

A la hora de estudiar, todo lo que sea hacer esquemas mentales del contenido o asociar unas cosas con otras ayuda luego a recordarlo.

Y toda esa actividad, que también es estudio, ¡requiere ritmo! Que no engañen los que dicen que no funciona: toda la generación anterior a la tuya se sacó el bachiller escuchando Euro Disco y ahora son ingenieras, abogados, senior business managers y proctólogos…

Si eres de los que encuentran en la música el botón on/off de su modo concentrado… ¡úsalo! Y si no, ¡practícalo!

Haz la prueba con tus canciones favoritas hoy mismo.

Pégate una sesión de estudio con récord de horas de repaso de todo lo que tienes por delante. En el peor de los casos…

te habrás puesto, con buen ritmo, al día de toda la materia.

Anímate a dejarnos tus comentarios con tus canciones favoritas para estudiar.

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